viernes, 1 de julio de 2011

Dios.



Este Dios, cansado de mis súplicas.
Tan absurdas como fatídicas.
Se ha vuelto sordo.
Colgué en sus tímpanos,
ilusiones de justicia,
descentralización de egoísmo,
letras de amor sin sufrimiento.

¡Este Dios!
Ciego,
de pupilas erosionadas por la tristeza.
Mudo,
valerosamente afónico,
hueco de discursos.

Un Dios amante de la humanidad
pero inconmovible.

Y yo, Dios mío
(sin propiedad alguna)
te hablo en silencio.
Aunque no me escuches,
aunque no me veas,
aunque no me pienses.

Este Dios,
una extensión de mis letras.
Me recorre la vida,
y atraviesa las manos.
Dejo que ausculte
el dolor de mi pecho.

Toma mi cosecha, Dios.
Pero aniquila de una vez
este sentimentalismo cobarde
que forma una cadena,
inexorable:
máquina boba
donde se reproduce
la torpeza.

31/7

1 comentario:

  1. muy bueno... con una contradicción aparente entre el principio y el final pero que engloba el enojo de creer que no se es escuchado aunque se sabe con certeza de que si... me impresionó la verdad!

    ResponderEliminar